Observamos este año el Día Internacional de la No Violencia en un mundo que ha experimentado cambios dramáticos desde nuestra última conmemoración. El factor que impulsó vigorosamente esa ola de cambio —que comenzó en Túnez y se fue extendiendo por el África Septentrional, el Oriente Medio y otras partes— fue, ni más ni menos, una pugna no violenta en pro de la democracia y los derechos humanos.
Las personas —entre ellas muchos jóvenes— que fueron líderes, alma y corazón de esos movimientos, derrocaron a gobiernos de larga data, invalidaron categóricamente a los partidarios de la violencia e inspiraron a otros pueblos oprimidos para que pensaran que también ellos podían seguir la senda de la no violencia.
Corren grandes peligros quienes enfrentan las armas de la represión armados solamente con la convicción de que la razón está de su parte. Pero los valientes que creen en la no violencia y actúan ateniéndose a sus normas ponen a sus opresores en un difícil dilema: reprimir con mayor dureza o negociar. La primera de esas opciones revela sencillamente la bancarrota moral de los sistemas que defienden; la segunda puede muy bien ser el inicio del cambio. Por esa razón la no violencia confunde tan a menudo a quienes se enfrentan con ella, y por ello es tan poderosa.
La Carta de las Naciones Unidas propugna inequívocamente, como primer recurso, un enfoque pacífico y no violento, y el uso de medios tales como la negociación, la mediación, el arbitraje y el arreglo judicial.
En los casos en que el Consejo de Seguridad ha sancionado el uso de medidas coercitivas, como lo hizo este año en relación con Libia y Côte d’Ivoire, ha sido para proteger a los civiles, pero tan solo como último recurso ante la violencia.
Nuestra labor en el marco de la no violencia encaminada a establecer sociedades pacíficas y estables adopta diversas formas, desde la promoción de valores y normas hasta el establecimiento de instituciones. El estado de derecho, el desarrollo sostenible, la consolidación y el establecimiento de la paz son los elementos clave de la promoción de los cambios no violentos que persiguen las Naciones Unidas. Procuramos intervenir rápidamente, antes de que aumenten las tensiones, y proceder sin demoras una vez que estas han aumentado. Hemos fortalecido nuestras asociaciones estratégicas para poder responder con mayor prontitud a las crisis, al tiempo que apoyamos las instituciones nacionales de mediación y diálogo.
Este Día Internacional coincide con el aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, líder del histórico movimiento de no violencia de la India en pro de su independencia. Este enfoque trascendental de transformación tenía hondas raíces en el pasado de la India. Dos mil años antes, el Emperador Ashoka había renunciado al uso de la guerra y se había dedicado al desarrollo pacífico de su sociedad. Su idea de paz y no violencia se extendía a la protección de los animales y los árboles; Ashoka fue un precursor de la sostenibilidad mucho antes de nuestro tiempo.
En el mundo ha habido otros que han enarbolado su pabellón, desde Chico Mendes en el Brasil hasta el Reverendo Dr. Martin Luther King Junior en los Estados Unidos; desde Nelson Mandela en Sudáfrica a la Profesora Wangari Maathai en Kenya. Todos estos líderes inspiraron movimientos mundiales a los que se sumaron innumerables seguidores de la no violencia como valor básico y como principio de acción.
El poder eterno de la no violencia, que tanto ha logrado en el año transcurrido, tiene un papel fundamental que desempeñar en todos los países, aun en las democracias establecidas. En este Día Internacional reafirmemos nuestro compromiso de apoyar la no violencia. La no violencia no solo es una táctica efectiva, sino a la vez una estrategia y una visión absoluta. Solo se pueden alcanzar resultados duraderos, entre ellos la paz, utilizando medios duraderos como la no violencia.
Ban Ki-moon
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